Ganadores IX Versión

Ilustración: Lucius Blacklung.

Primer Lugar

Sikuri

El sonido se colaba por las hendijas del murallón, y la antigua iglesia parecía derretirse escuchando las melodías. Al retumbar las cajas, la tierra se abre y las plumas de los penachos empujan el viento que trae la lluvia. Luego la danza: en un círculo bailan los elementos y la gente. Suena una caña vieja, como quebrada, y la cacofonía se confunde con un trueno. La comparsa toma el ritmo del agua, la música se escurre por el empedrado. Los niños la persiguen y se embarran, luego se limpian y luego regresan al mismo lugar a soplar en su sikuri.

Victor Vives Romero, 29 años, Colchane.

Ilustración: Lucius Blacklung.

Premio al Talento Infantil

Lo teje

Lo teje, lo teje, mi abuela me lo teje porque ella dice que del invierno altiplánico me protege.

Javiera Villalobos Sciaraffia, 12 años, Iquique.

Ilustración: Javier Osses.

Premio al Talento Joven

Calles coreanas

Como fan del pop coreano, no olvidaré fácilmente aquel sábado 22 de junio, en el que gente se paseaba por las calles con mascarillas en sus rostros. Yo, imaginando que caminaba por alguna calle de Seúl, dejaba a un lado el incidente del incendio de la azufrera que tenía a media región tarapaqueña intoxicada.

Daniela Aranda Cortés, 17 años, Iquique.

Ilustración: Valentina González.

Premio al Talento Mayor

La última trashumante

Cuando Meche Ticuna fue llevada al cementerio de Huara para quedar con los suyos, se cumplió su voluntad. La gente bajó de las quebradas porque era muy querida y la última trashumante de Coscaya. Iba cantando con su rebaño y buscando la mejor alfalfa para ellos, a ratos se sentaba y tocaba su zampoña, tesoro de su padre, o la flauta de su hijo fallecido. En Pachica se tomaba un ulpo con alguna vecina, en Poroma le regalaban zanahorias frescas del huerto y llegaba a Coscaya entrada la noche a guardarse para el otro día. Así vivió siempre la trashumante.

Rosa Ovalle Fernández, 65 años, Iquique.

Ilustración: Javier Osses.

Premio Provincia del Tamarugal

Nueva Ola

"No hay verano sin ir a acampar a la playa", decía mi mamá, mientras acomodaba los colchones en el pick-up de la camioneta. Las carpas y las sillas iban arriba, y de los sacos de dormir y las almohadas se encargaba cada uno. Nunca la escuché quejarse de los labios partidos por el agua salada, la incomodidad de dormir a la intemperie o del dolor de las quemaduras por los días enteros expuesta al sol del norte. Al contrario, silbaba feliz canciones de la Nueva Ola y, a veces, mientras preparaba los huevos duros para la once, también las bailaba.

Paz Letelier Duarte, 24 años, Pica.

Ilustración: Valentina Contreras.

Mención Honrosa

Ser piqueño

Ser piqueño es ser libre como la cuculí, oler a alfajor y fruta, orgulloso y altivo como el mango padre, leal como los viejos vilcos, amable como las antiguas abuelas piqueñas, cristalino como las aguas de la cocha, hermosos como los azahares del limón, alegres como las quiguaguas, tradicionales como los lagares, fuertes como los terrales de invierno, humildes como los callejones, en fin, ser piqueño es un honor y un privilegio, de ahí el dicho de su gente: "no pedí ser piqueño, solamente tuve suerte".

Luis Muñoz Valdes, 51 años, Pica.

Ilustración: Valentina González.

Mención Honrosa

Avisa cuando llegues

Nos despedimos con un "avisa cuando llegues". Ella era una chica normal. Tenía la costumbre de ponerse las llaves entre los nudillos, como las calles le habían enseñado. Siempre subía temprano, para no preocupar a sus papás ni tener que irse parada en la micro. Nos pasamos de largo hablando sobre la vida, como nunca. Para llegar a su casa tenía que irse a Pedro Prado y subir a Hospicio. Nosotras, inocentes, la dejamos sola. Nosotras, crédulas, nos fuimos a dormir como si nada pasara en ese instante. Nosotras, tontas, jamás imaginamos lo que ocurriría. Nunca recibimos respuesta.

Melany Villacorta Fernandez, 19 años, Alto Hospicio.

Ilustración: Valentina Contreras.

Mención Honrosa

Esclavos en Iquique

Mi abuela me contaba cuando era una niña que, en años en los que nuestra zona franca estaba en su apogeo, era difícil pensar que los primeros chinos que llegaron a esta tierra no fueron los empresarios de estas tiendas sino de los esclavos que traían para extraer el tesoro del guano. Los llevaban a Pabellón de Pica y Huanillos a trabajar de sol a sol, encadenados, algunos caían por los riscos. Me decía que cuando uno se acerca a esos lugares, aún se puede oír el sonido de todas las cadenas y te invade fuerte, una triste y misteriosa presencia.

Alejandro Carillo Contreras, 38 años, Iquique.